lunes, 19 de noviembre de 2012

¿Nunca has sentido ganas de morir?

¿Nunca has sentido ganas de morir?

Ganas de olvidar, de irte de esta existencia...
Por el simple hecho de sentirte inútil, demás. Un simple ser que ocupa espacio y tiempo en la vida de los demás, una pieza sobrante de un rompecabeas completo. Un puzzle sin solución. La nada de un todo.

El nevado que queda en la manga, ya una vez decorada la torta.
Un complemento superficial, sin importancia, digno de ser ignorado y olvidado.




~Maggie.

No lo soporto más.

Me doy asco. Cada vez que como, algo me carcome por dentro, pensando en la poca voluntad que tengo. Me siento gorda, pesada y obsoleta. Corrijo, no me siento, lo estoy. Tengo ganas de vomitar cada miligramo de comida que entra en mi grasoso cuerpo. Si no supiera que me moriría en el intento, agarraría un cuchillo y rebanaría cada parte de mi putrefacto cuerpo, hasta esculpir, cual Miguel Ángel frustrado, la perfección que anhelo y que sé que nunca tendré. Me siento como una jarra de medición, que rebosa los 100kg de este maldito embase. Quisiera despertar un día y tener el cuerpo perfecto que siempre he soñado, ser bonita... No tener tantas imperfecciones en los brazos, senos, panza, nariz, papada, cuello, piernas... Toda esta maldita manteca de la que estoy cubierta.
Y es que, aunque no tenga hambre, me dan unas ganas de comer atroces, abominables, una estúpida voz que me susurra "Cómetelo, a fin de cuentas, ya eres gorda y eso nada lo va a cambiar". Entonces como, y como, y como.
Y lo triste de mi desesperación no es que yo me sienta así por no tener pareja, porque tengo en mi vida alguien que me ama mucho desde hace 18 hermosos meses, sino el hecho de ir a comprar ropa y que todo sea S, XS, XXS y contando. Y yo me tengo que conformar con una maldita L, XL, XXXXXXL y, cuando mucho, una "M grandecita". No sé cuanto llevo en jeans, la última vez que compré metía 20, más hay algunas marcas (Como Bershka y Zara, mi devoción) que aún con la talla mencionada, no me entran.
Mido casi 1,60 y peso 100kilos. Sí, soy deforme.

Hay algunas veces en que solo quiero morir, sin pensar en nada ni en nadie, abandonar este horroroso cuerpo y... Volar.
Suena egoísta, lo sé, pero con mi cuerpo nunca podré ser feliz.

Estoy harta de que cada maldito que pase por ahí me llame gorda, estoy harta de mis malditas tetas de hombre obeso, estoy harta de mis malditos brazos que parecen piernas de vaca, estoy harta de mis malditos muslos cortos de cerdo, estoy harta de tomarme fotos de los hombros hacia arriba, estoy harta de tener que recurrir al sarcasmo ante las opiniones cortantes de la gente hacia mi persona. Estoy harta de mi maldito cuerpo, y pensar que en menos de un segundo, desde una azotea, acabaría con todos mis problemas, me hace sentir aún peor. Mi familia está pasando por el momento más feliz de sus vidas, y yo no soy quién para arruinarlo.

Qué difícil es escuchar cada día que me recuerden lo horrorosa que soy, qué horrible es ver las fotos y ver lo que realmente eres, qué duro es sentir las miradas de reprovación, criticando… ¿De verdad creen que yo disfruto de ser así? Maldita sea, si por mí fuera, yo ya ni existiera. No tendrían que tomarse la molestia de soportar a este ser tan visualmente incómodo.

Ojalá esto no fuera el principio de una despedida, pero lo es... Algún día lo será, quizás no hoy ni mañana, pero llegará un momento en que no lo aguantaré más.